Second Sunday of Easter – Divine Mercy Sunday

This weekend we celebrate Divine Mercy Sunday.  Today this Gospel takes us back, first of all, to Easter Sunday itself.  Saint John says: “On the evening of that first day of the week”—the first Easter Sunday—“when the doors were locked, where the disciples were, for fear of the Jews, Jesus came and stood in their midst and said to them, ‘Peace be with you.’”

The first thing we have to realize is that on this Easter Sunday the encounter with the Risen Lord is the first time that all the Apostles—being together—meet Jesus after His death and Resurrection.  Only a few days have passed since the Apostles abandoned Christ; only a few days have passed since Peter denied Him.  Jesus has been raised from the dead by His Father.   And yet the Apostles, not only are filled with fear, but meeting Jesus for the first time after their very poor record, they are filled with shame and guilt.

Jesus takes this opportunity not to scold them, but to give them His first message after His Resurrection  from the dead.  And that first message is:  “Peace be with you.”  And then He shows them His hands and His side and once again He repeats the words: “Peace be with you.”   This is the mercy of the Risen Jesus.  Something else very important follows and it is this.  This is the moment—Easter Sunday—that Jesus chooses, when the Apostles are supremely conscious of their sins, when they are supremely conscious of their weakness, when they are filled with shame and guilt—this is the moment that Jesus Christ, the Risen Lord, chooses in order to communicate to these weak men the great power of forgiving sins.   He does this not because they are any better than their brothers and sisters, but simply because it is His will to give to His Church a great treasure and that treasure is the forgiveness of sins.   It is the great gift of God’s mercy in all its concentration.

Jesus breaks all barriers.  This is the supreme manifestation of God’s mercy revealed in the Sacrament of Penance.  And the Sacrament of Penance, the forgiveness of sins, the Sacrament of Confession, the Sacrament of Reconciliation becomes the Easter gift of Jesus Christ to His Church.  Jesus knows that throughout the ages you and I will need His mercy and His forgiveness and His pardon.  That is why He invests His Apostles with this power, not because of them, but because He is merciful and powerful.

What is this Divine Mercy?  Divine Mercy is simply God’s love for us in the face of our weaknesses, God’s love as it comes into impact with our sins, God’s love as it reaches down and touches our needs.

Today in the Gospel we see that the Sacrament of Penance is Christ’s Easter gift.

Jesus Christ is the merciful Savior of the world, and this means that you and I must trust in His mercy.  We must bear witness to others of the forgiveness and pardon that we have received, of the compassion that we have experienced, because Jesus Christ has been merciful to us.  May He strengthen us and help us witness His Divine Mercy to everyone we meet.  Amen.

Este fin de semana celebramos el Domingo de la Divina Misericordia. Hoy este Evangelio nos lleva, antes que nada, al mismo Domingo de Pascua. San Juan dice: “En la tarde de ese primer día de la semana” -el primer domingo de Pascua- “cuando las puertas estaban cerradas, donde estaban los discípulos, por temor a los judíos, Jesús se acercó y se puso en medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes’ “.

Lo primero que tenemos que darnos cuenta es que este domingo de Pascua es el encuentro con el Señor Resucitado, es la primera vez que todos los Apóstoles, al estar juntos, se encuentran con Jesús después de su muerte y Resurrección. Han pasado sólo unos pocos días desde que los Apóstoles abandonaron a Cristo; han pasado unos pocos días desde que Pedro lo negó. Jesús ha sido resucitado de entre los muertos por su Padre. Y sin embargo, los Apóstoles, no sólo están llenos de temor, sino que se encuentran con Jesús por primera vez después de su pobre registro, están llenos de vergüenza y culpa.

Jesús aprovecha esta oportunidad para no regañarlos, sino para darles su primer mensaje después de su Resurrección de entre los muertos. Y ese primer mensaje es: “La paz sea con ustedes”. Y luego Él les muestra sus manos y su costado y una vez más Él repite las palabras: “La paz esté con ustedes”. Esta es la misericordia de Jesús Resucitado. Algo muy importante sigue y es ésto. Éste es el momento -el Domingo de Pascua- que Jesús elige, cuando los Apóstoles son supremamente conscientes de sus pecados, de su debilidad, cuando están llenos de vergüenza y culpa, éste es el momento en que Jesucristo, el Señor Resucitado, elige para comunicar a estos hombres débiles el gran poder de perdonar los pecados. Lo hace no porque sean mejores que sus hermanos y hermanas, sino simplemente porque es su voluntad dar a su Iglesia un gran tesoro y ese tesoro es el perdón de los pecados. Es el gran regalo de la misericordia de Dios en toda su concentración.

Jesús rompe todas las barreras. Esta es la manifestación suprema de la misericordia de Dios revelada en el Sacramento de la Penitencia. Y el Sacramento de la Penitencia, el perdón de los pecados, el Sacramento de la Confesión, el Sacramento de la Reconciliación se convierten en el regalo de Pascua de Jesucristo para su Iglesia. Jesús sabe que a través del tiempo, tú y yo necesitaremos de su misericordia, y su perdón. Es por eso que Él enviste a sus Apóstoles con este poder, no a causa de ellos, sino porque Él es misericordioso y poderoso.

¿Qué es esta Divina Misericordia? La Divina Misericordia es simplemente el amor de Dios por nosotros frente a nuestras debilidades, el amor de Dios al impactar con nuestros pecados, el amor de Dios que se extiende y toca nuestras necesidades.

Hoy en el Evangelio vemos que el Sacramento de la Penitencia es el regalo de Pascua de Cristo.

Jesús es el Salvador misericordioso del mundo, y esto significa que tú y yo debemos confiar en su misericordia. Debemos dar testimonio a otros del perdón  que hemos recibido, de la compasión que hemos experimentado, porque Jesucristo ha sido misericordioso con nosotros. Que Él nos fortalezca y nos ayude a presenciar su Divina Misericordia a todos los que nos encontremos. Amén.

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