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First Sunday of Lent


As we begin the Lenten season, we are reminded of the need to make reparation for our sins and be reconciled with God. Any attempt to build a spiritual life that neglects the pillars of prayer, fasting and almsgiving is building on sand. Prayer purifies our intentions and relates all we do to God. Fasting detaches us from our comfort and ourselves. Almsgiving reflects our brotherhood with those in need of Jesus’ family and reminds us that our true wealth is not in things, but in the love of God. We all need to do a reality check on our spiritual lives to make sure we are committed to prayer, fasting, and almsgiving.

We also heard how Jesus is severe in criticizing the hypocrites who parade their works before others to get attention. Such parades are of no use in pleasing God or making up for our sins; they only add to our sinfulness. He encourages us to pray in private, to fast and to give alms in secret, without calling the attention of others to what we are doing. In this way, we can be sure we are doing all for love of God and not for love of self. Those who make an outward show of piety or generosity “have already received their reward” in this world, and they store up no treasure in heaven. Let us work silently and discreetly, with no other intention but pleasing God alone.

One final though: nothing brings us closer to Christ than walking alongside him and doing the things he did for love of God the Father. During Lent, God invites us to purify our hearts and minds and to turn our intentions back to him. Christ’s public ministry was lived each day in loving obedience to the Father’s will. Our Lenten program should reflect that same simple, yet demanding, obedience and love. What can I do for God today? What sacrifice can I offer that will be pleasing to him? Once I decide on it, I will carry it out with no one else knowing.

Conversation with Christ:  Jesus, give us the grace to begin this Lent with great enthusiasm and love. Help us live it with joy, knowing that we are living it in your presence to please you and you alone.  Amen.

Al comenzar el tiempo de Cuaresma, se nos recuerda la necesidad de reparar nuestros pecados y reconciliarnos con Dios. Cualquier intento de construir una vida espiritual que descuide los pilares de la oración, el ayuno y la limosna no tendrá una base segura. La oración purifica nuestras intenciones y relaciona todo lo que hacemos con Dios. El ayuno nos separa de nuestra comodidad y de nosotros mismos. La limosna refleja nuestra hermandad con aquellos que necesitan a la familia de Jesús y nos recuerda que nuestra verdadera riqueza no está en las cosas, sino en el amor de Dios. Todos necesitamos hacer un control de la realidad de nuestras vidas espirituales para asegurarnos de que estamos comprometidos con la oración, el ayuno y la limosna.

También escuchamos cómo Jesús es severo al criticar a los hipócritas que exhiben sus obras delante de otros para llamar la atención. Tales desfiles no sirven para agradar a Dios o compensar nuestros pecados; ellos sólo agregan a nuestra pecaminosidad. Él nos anima a orar en privado, a ayunar y dar limosnas en secreto, sin llamar la atención a los demás de lo que estamos haciendo. De esta manera, podemos estar seguros de que estamos haciendo todo por amor a Dios y no por amor a uno mismo. Aquellos que hacen una muestra externa de piedad o generosidad “ya han recibido su recompensa” en este mundo, y no almacenan ningún tesoro en el cielo. Trabajemos en silencio y discretamente, sin otra intención que agradar sólo a Dios.

Una última conclusión: nada nos acerca a Cristo más que caminar junto a él y hacer las cosas que hizo por amor a Dios, el Padre. Durante la Cuaresma, Dios nos invita a purificar nuestros corazones y mentes y a volver nuestras intenciones a él. El ministerio público de Cristo se vivió todos los días en amorosa obediencia a la voluntad del Padre. Nuestro programa de Cuaresma debe reflejar esa misma obediencia y amor sencillos pero exigentes. ¿Qué puedo hacer hoy por Dios ? ¿Qué sacrificio que sea agradable para él puedo ofrecer ?Una vez que lo decida, lo llevaré a cabo sin que nadie más lo sepa.

Conversación con Cristo: Jesús, danos la gracia de comenzar esta Cuaresma con gran entusiasmo y amor. Ayúdanos a vivirlo con alegría, sabiendo que lo estamos viviendo en tu presencia para complacerte a ti y sólo a ti. Amén.

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