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Second Sunday of Advent


Each day of Advent, Our Lord offers us priceless help in our daily Mass readings. Here is a reflection on this past Tuesday’s Gospel reading from Luke 10: 21-24, in which we read St. Luke’s account of when Jesus rejoiced in the Holy Spirit and said, “I give you praise, Father, Lord of heaven and earth, for although you have hidden these things from the wise and the learned you have revealed them to the childlike.” We long to know Christ better. How we yearn to understand a little more about God and his infinite love! Our small intellects can barely lay hold of any notion or attribute of the Divine Persons. Even if we were to study long hours, we would come to the conclusion that our learning is nothing. True knowledge of Christ and God doesn’t come by learning from books. True knowledge of Christ and God is revealed to those who learn to quiet their souls in prayer. We need to imitate the resourceful little child who falls on the ground and then runs to his mother to be scooped up in a loving embrace. If we can remember our littleness on the one hand and God’s pure, loving benevolence on the other, we’ll permit — even delight in — his wiping away from our faces the blood and tears caused by our sins. Only when we surrender ourselves into God’s forgiving, tender hands can we say that we know him. Think about it: Christ singles out each one of us for a particular mission in life. We might think of the many people around us — educated, wise, learned people — who would surely be better suited for the calling at hand, who could do a far better job than we could. However, Christ isn’t looking always for the cleverest person, the one with the quickest wit, or the one with the best education. Many times he scrutinizes the corners of the globe for the soul that is innocent, open to his plan, and willing to carry it out. Simplicity and humility are the key words when it comes to being chosen by God to participate more actively in his plan of redemption. How many prophets and kings longed for the time of Christ, when the work of salvation would be fulfilled! During their time of waiting they left us an example of constancy and dedication to the things of God, despite never seeing many of the things promised them. They played an active role in leading and guiding the people of their time, but they didn’t see the fulfillment of all God’s entire design. God asks us to be like them, planting the seeds of redemption that may not sprout for years. We, like the prophets, aren’t always given the grace to see the entire picture. That is part of being childlike: trusting that God our Father knows what he is doing. Do I entrust the big picture of my life to God my Father, or do I try to yank the “video control” from his loving hands? Oh dear Jesus, we don’t ask for great understanding or knowledge. Help us to accept with the simplicity and trust of a child all that you want to do in us. We don’t ask for great insight into the depths of your divine attributes. We just want to grow in friendship with you, and we know that means we need an unshakeable confidence in your infinite love for us. We want to allow you to love us and direct us according to your good will. Amen.

Cada día de Adviento, Nuestro Señor nos ofrece una ayuda invalorable en nuestras lecturas diarias de la Misa. Aquí tenemos una reflexión sobre la lectura del Evangelio del martes pasado de Lucas 10: 21-24, en la que leemos el relato de cuando Jesús se regocijó en el Espíritu Santo y dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra porque, aunque escondiste estas cosas de los sabios, se las ha revelado a los niños “. Anhelamos conocer mejor a Cristo. ¡Cómo anhelamos entender un poco más a cerca de Dios y su amor infinito! Nuestro pequeño intelecto apenas puede apoderarse de cualquier noción o atributo de las personas divinas. Incluso si estudiáramos largas horas, llegaríamos a la conclusión de que nuestro aprendizaje no es nada. El verdadero conocimiento de Cristo y Dios no proviene de aprender de los libros. El verdadero conocimiento de Cristo y Dios se revela a aquellos que aprenden a calmar sus almas en oración. Necesitamos imitar al pequeño niño ingenioso que cae al suelo y luego corre hacia su madre para ser recogido en un abrazo amoroso. Si podemos recordar nuestra pequeñez, por un lado, y la benevolencia pura y amorosa de Dios, por el otro, permitiremos -incluso nos deleitaremos- que borre de nuestros rostros la sangre y las lágrimas causadas por nuestros pecados. Sólo cuando nos entreguemos a las manos tiernas y compasivas de Dios podremos decir que lo conocemos. Pensémos: Cristo nos señala a cada uno de nosotros una misión particular en la vida. Podríamos pensar en la gran cantidad de personas que nos rodean, personas educadas, sabias y eruditas, que seguramente estarían mejor preparadas para el llamado que nos ocupa, que podrían hacer un trabajo mucho mejor que el que podríamos hacer. Sin embargo, Cristo no busca siempre a la persona más inteligente, la que tiene el ingenio más rápido o la que tiene la mejor educación. Muchas veces examina los rincones del globo en busca de el alma que es inocente, abierta a su plan y dispuesta a llevarlo a cabo. Simplicidad y humildad son las palabras claves cuando se trata de ser elegido por Dios para participar más activamente en su plan de redención. ¡Cuántos profetas y reyes añoraron el tiempo de Cristo, cuando la obra de la salvación se cumpliría! Durante su tiempo de espera nos dejaron un ejemplo de constancia y dedicación a las cosas de Dios, a pesar de que nunca vieron muchas de las cosas que les prometieron. Jugaron un papel activo en dirigir y guiar a la gente de su tiempo, pero no vieron el cumplimiento de todo el diseño de Dios. El nos pide que seamos como ellos, plantando las semillas de la redención que pueden no brotar durante años. Nosotros, como los profetas, no siempre tenemos la gracia de ver la imagen completa. Eso es parte de ser infantil: confiando en que Dios nuestro Padre sabe lo que está haciendo. ¿Encomiendo la gran imagen de mi vida a Dios mi Padre, o trato de quitarle el “control de video” de sus manos amorosas? Oh, querido Jesús, no pedimos una gran comprensión o conocimiento. Ayúdanos a aceptar con la sencillez y la confianza de un niño todo lo que quieres hacer en nosotros. No pedimos una gran comprensión de las profundidades de sus atributos divinos. Sólo queremos crecer en amistad contigo, y sabemos que eso significa que necesitamos una confianza inquebrantable en tu infinito amor por nosotros. Queremos permitirte que nos ames y nos dirijas según tu buena voluntad. Amén.

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