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Twenty-Seventh Sunday in Ordinary Time

Here is an exerpt from an article written by Edward Sri on “How to Grow in Virtue” from the Catholic Education Resource Center web site.

…”According to the Catechism of the Catholic Church, the virtuous man does what is good consistently, easily, and joyfully.

“1. Consistency. First, the Catechism defines virtue as “an habitual and firm disposition to do the good” (no. 1803). This tells us that virtue requires much more than performing good deeds every once in a while. After all, it is easy to be generous, patient, and kind to others when things are going well in our life: when we’re feeling good and enjoying the people we’re with. But will we be generous, patient, and kind to the person who happens to be frustrating us right now? Will we be virtuous with our spouse when we’re tired? Will we be virtuous with our children when we’re experiencing stress at work or feeling overwhelmed in life? The virtuous man is someone you can count on to give the best of himself consistently, no matter what the circumstances may be.

“2. Ease. Virtue also enables a man to perform good acts easily (Catechism, no. 1804). He does what is good promptly, as if it is second nature for him. Just as a professional basketball player drives to the basket and sinks a lay-up without having to think much about it, so too the virtuous man performs good acts easily without extraordinary effort, deliberation, or internal struggle. Doing what is good is so deeply ingrained in him that his virtuous deeds seem automatic. On the other hand, to the extent that a man struggles in being cheerful, humble, or pure, for example, to that extent he is lacking in virtue.

“3. Joy. Finally, the virtuous man does not just do what is right. He does it joyfully Catechism, no. 1804). He takes delight in the good, even if it is difficult to achieve or causes him suffering. The virtuous man does not complain or feel sorry for himself when he does what is right. He finds a deeper joy in living the way God made him to live, which is to do the good no matter what the cost” (to be continued).

Aquí tenemos un extracto del artículo escrito por Edward Sri sobre “Cómo crecer en la virtud” del sitio web del Centro de Recursos de Educación Católica.

… ”Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el hombre virtuoso hace lo que es bueno de manera consistente, fácil y alegre.

“1. Consistencia. Primero, el Catecismo define la virtud como “una disposición habitual y firme para hacer el bien” (n. 1803). Éste nos dice que la virtud requiere mucho más que realizar obras buenas de vez en cuando. Después de todo, es fácil ser generoso, paciente y amable con los demás cuando las cosas van bien en nuestra vida: cuando nos sentimos bien y disfrutamos de las personas con las que estamos. ¿Pero somos generosos, pacientes y amables con la persona que nos está frustrando en este momento? ¿Somos virtuosos con nuestro cónyuge cuando estamos cansados? ¿Somos virtuosos con nuestros hijos cuando experimentamos estrés en el trabajo o nos sentimos abrumados en la vida? El hombre virtuoso es alguien con quién podemos contar para dar lo mejor de nosotros mismos de manera consistente, sin importar las circunstancias.

“2. Facilitar. La virtud también le permite al hombre realizar buenos actos fácilmente (Catecismo, no. 1804). Hace lo que es bueno rápidamente, como si fuera una segunda naturaleza para él. Así como un jugador de baloncesto profesional lanza el balón a la canasta o aro, sin tener que pensar mucho en ello, el hombre virtuoso realiza buenos actos fácilmente sin un esfuerzo extraordinario, deliberación o lucha interna. Hacer lo que es bueno está tan profundamente arraigado en él que sus actos virtuosos parecen automáticos. Por otro lado, en la medida en que un hombre lucha por ser alegre, humilde o puro, por ejemplo, en esa medida es porque el está careciendo de esa virtud.

“3. Alegría. Finalmente, el hombre virtuoso no sólo hace lo correcto. Lo hace alegremente Catecismo, no. 1804). Se deleita en lo bueno, incluso si es difícil de lograr o le causa sufrimiento. El hombre virtuoso no se queja ni siente pena por sí mismo cuando hace lo correcto. Encuentra un gozo más profundo al vivir de la manera que Dios lo hizo vivir, que es hacer el bien sin importar el costo ”(continuará).

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