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Fifth Sunday of Easter

Today we finish this short series of bulletin articles, in which we explored what we found in the weekday readings during the Easter octave. On that beautiful Easter Monday of the octave of Easter, we encountered a huge contrast in the readings about how to respond to the startling fact of Jesus’ resurrection.

So, in response to those who deny the resurrection, either the fact or the practical consequences, Christ is calling all of us to affirm it, to be witnesses to the resurrection, not just as an historical fact that passes every historical test of common sense, but as a lived reality, because people see in us those who live a truly redeemed life. Friedrich Nietzsche, the 19th century German Philosopher who coined the phrase “God is dead” and whose writings on the raw will to power were at the heart of Nazism, once said that he might have been able to believe in a Redeemer if he had ever met anyone redeemed. We might paraphrase him to say he might have been able to believe in Jesus and his Resurrection if he had ever met someone who radiated Jesus’ risen life. That’s what’s supposed to happen whenever anyone meets a Christian. There may be days when this is more challenging — like on the ugliest days of a brutal winter or at the bedside of the interminable sufferings of a loved one — but if we’re ever going to be living signs of Jesus risen then, we have to begin by being risen signs of Jesus on Easter, and Easter Monday, and the Easter Octave and the Easter Season. And we need to let that risen joy overflow naturally toward others, just like the women did, just like St. Peter did. We enter more deeply into Jesus’ risen life every time we can go to Mass and receive Jesus in Holy Communion. This greatest of blessings, gives us a new opportunity to prepare ourselves not only to drop down on our knees and pay him homage, not only to grasp his feet, but also to receive him within. Let’s ask him to strengthen us with the joy of this encounter that we, like the two Marys and Peter will run to tell others this good news. This is the day the Lord has made. Let us rejoice and be glad in it!

Alleluia!

Hoy terminamos esta breve serie de artículos de boletines, en los que exploramos lo que encontramos en las lecturas del día de la semana durante la octava de Pascua. En ese hermoso lunes de Pascua de la octava de Pascua, encontramos un gran contraste en las lecturas sobre cómo responder al hecho sorprendente de la resurrección de Jesús.

Entonces, en respuesta a aquellos que niegan la resurrección, ya sea el hecho o las consecuencias prácticas, Cristo nos llama a todos a afirmarla, a ser testigos de la resurrección, no sólo como un hecho histórico que pasa todas las pruebas históricas del sentido común, sino cómo una realidad vivida, porque la gente ve en nosotros a aquellos que viven una vida verdaderamente redimida. Friedrich Nietzsche, el filósofo alemán del siglo XIX que acuñó la frase “Dios está muerto” y cuyos escritos sobre la voluntad enérgica de poder estaban en el corazón del nazismo, dijo una vez que podría haber creído en un Redentor si alguna vez hubiera conocido a alguien redimido.

Podríamos parafrasearlo y decir que pudo haber creído en Jesús y en su Resurrección si alguna vez se hubiera encontrado con alguien que irradiara la vida resucitada de Jesús. Eso es lo que se supone que sucede cuando alguien se encuentra con un cristiano. Puede haber días en que ésto sea más desafiante, como en los días más feos de un invierno brutal o junto a la cama de los sufrimientos interminables de un serquerido, pero si alguna vez vamos a ser signos vivos de Jesús resucitado, entonces tenemos que comenzar, a ser signos de Jesús resucitado en la Pascua, el Lunes de Pascua, la Octava de Pascua y la Temporada de Pascua. Y debemos dejar que esa alegría aumentada se derrame naturalmente hacia los demás, tal cómo lo hicieron las mujeres, cómo lo hizo San Pedro. Entramos más profundamente en la vida resucitada de Jesús cada vez que podemos ir a misa y recibir a Jesús en la Santa Comunión. Esta gran bendición nos brinda una nueva oportunidad para prepararnos no sólo para arrodillarnos y rendirle homenaje, no sólo para agarrar sus pies, sino también para recibirlo por dentro. Pidámosle que nos fortalezca con la alegría de este encuentro, como los dos: María y Pedro, corrieron para contarles a otros esta buena noticia. Este es el día que hizo el Señor. ¡Regocijémonos y alegrémonos en él !

¡Aleluya!

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