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Twenty-Seventh Sunday in Ordinary Time


Each October, the Catholic Church in the United States celebrates Respect Life Month to proclaim the immeasurable value of every person from conception to natural death.  It kicks off today, on Respect Life Sunday. Think about it: each one of us here at today’s Mass is priceless—as is everyone who has ever lived!

Why? Because we have been loved from all eternity by God the Father and have been redeemed at the cost of his Son’s crucifixion and death. Through the mystery of the Incarnation and his life of self-giving love, leading all the way to the sacrifice of Calvary, Jesus reveals to us the sanctity, dignity and value of every human life. He calls us to the same life-giving love, a love which compels us to treasure and actively defend the life of every human being.

Love and life are bound together. We see this most clearly at the heart of the family: the permanent, faithful and life-giving love of husband and wife to which Jesus was referring in the Gospel reading today. It is an especially fitting Gospel for today, since a culture of life and civilization of love are inseparable.

Marriage has been called the “school of love,” where husband and wife learn to cherish and make sacrifices for each other and, by accepting children lovingly from God, parents are able to experience the fullness of joy and love. If this phrase “accept children lovingly from God”(Rite of Marriage, 3)  sounds familiar, that’s because the priest asks couples this very question during their wedding ceremony. This question lies at the heart of the holy Sacrament of Marriage, because marriage is both directed to the good of the spouses and “ordered to the procreation and education of children,” who are “the supreme gift of marriage” and its “ultimate crown.”

Love and life go together. The total, one-flesh union of husband and wife is fruitful, never self- enclosed; it is open to the other and open to the gift of the child. From the very beginning, God had a purpose in mind. He made man and woman for each other, to be united as one, and at the same time he lovingly commanded them to be fruitful and multiply, to be partners with him in creation by bringing forth new life, cherishing and sustaining it.  The domestic Church which they build of faithful love is the only worthy sanctuary for the birth and education of a child.

During this year dedicated to St. Joseph, let us turn to him often for inspiration and guidance.  Despite the little said about St. Joseph in the Gospels, we can find immense richness in his witness to the faith. Why is this? Because St. Joseph realized that he was not the one who was important; others were. He is a man for others. He loved the Blessed Virgin Mary and Jesus above himself and his actions reflect that love. Joseph is a model for all Christians, choosing to walk in the Way of the Cross. He emptied himself of himself, in order to be filled with the love of the Father.

Just as a reminder: our parish has been blessed as one of those approved in which every-time one visits and fulfills the customary requirements for a plenary indulgence one can receive the special graces and blessings associated with this year dedicated to St. Joseph.  Let us pray to Saint Joseph that he will inspire us to grow into the kind of follower of the Lord that he was. Amen.

La Iglesia Católica en los Estados Unidos celebra cada mes de Octubre, el mes del respeto por la Vida, para proclamar el valor inconmensurable de cada persona desde la concepción hasta la muerte natural. Hoy arranca, el domingo del Respeto por la Vida. Pensemos: que el estar hoy cada uno de nosotros aquí en la misa no tiene precio, ¡como todos los que han vivido!

¿Por qué? Porque hemos sido amados desde toda la eternidad por Dios Padre y hemos sido redimidos a costa de la crucifixión y muerte de su Hijo. Jesús nos revela la santidad, la dignidad y el valor de cada vida humana, a través del misterio de la Encarnación y su vida de amor abnegado, que conduce hasta el sacrificio del Calvario. Nos llama al mismo amor vivificante, un amor que nos obliga a atesorar y defender activamente la vida de todo ser humano.

El amor y la vida están unidos. Vemos ésto claramente en el corazón de la familia: el amor permanente, fiel y vivificante del esposo y la esposa al que Jesús se refería en la lectura del Evangelio de hoy. Es un evangelio especialmente apropiado para hoy, ya que una cultura de la vida y una civilización del amor son inseparables.

El matrimonio ha sido llamado la “escuela del amor”, donde el esposo y la esposa aprenden a apreciar y sacrificarse mutuamente y, al aceptar a los hijos de Dios con amor, los padres pueden experimentar la plenitud del amor y la alegría. Si esta frase “acepta a los niños con amor de Dios” (Rito del matrimonio, 3) suena familiar, es porque el sacerdote hace esta pregunta a las parejas durante la ceremonia de boda. Esta pregunta se encuentra en el corazón del sacramento sagrado del matrimonio, porque el matrimonio está dirigido tanto al bien de los cónyuges como a “ordenado a la procreación y educación de los hijos”, que son “el don supremo del matrimonio” y su “corona suprema”. . ”

El amor y la vida van juntos. La unión total del marido y la mujer en una sola carne es fructífera, nunca se encierra en sí misma. Está abierta al otro y al don del niño. Desde el principio, Dios tenía un propósito en mente. Él hizo al hombre y a la mujer el uno para el otro, para estar unidos como uno, y al mismo tiempo les ordenó amorosamente que fueran fructíferos y se multiplicaran, que fueran socios con él en la creación al traer nueva vida, apreciarla y sostenerla. La Iglesia doméstica que construye de amor fiel es el único santuario digno para el nacimiento y la educación de un niño.

Durante este año dedicado a San José, recurramos a él a menudo en busca de inspiración y orientación. A pesar de lo poco que se dice acerca de San José en los evangelios, podemos encontrar una inmensa riqueza en su testimonio de la fe. ¿Por qué es ésto? Porque San José se dio cuenta de que no era él quien era importante; otros lo fueron, Él es un hombre para los demás. Amó a la Santísima Virgen María y a Jesús por encima de sí mismo y sus acciones reflejan ese amor. José es un modelo para todos los cristianos, eligiendo caminar en el Camino de la Cruz. El se vació de sí mismo para llenarse del amor del Padre.

Sólo como recordatorio: nuestra parroquia ha sido bendecida como una de las aprobadas en la que cada vez que uno la visita y cumple con los requisitos habituales para una indulgencia plenaria, puede recibir las gracias y bendiciones especiales asociadas con este año dedicado a San José. Oremos a San José para que nos inspire a crecer como el tipo de seguidor del que el Señor fue. Amén.

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